miércoles, 23 de abril de 2014

Excursiones aupairiles: Ostern - Preparativos

¡Hola hola, caritas lindas!

Aquí estoy, sana y salva, después de cuatro días de andar, andar, hacer fotos, andar y viajar en tren.
Me quedo corta si digo que el viaje ha sido maravilloso. Si ya me gustó esta región hace unos años, en estos días me he enamorado totalmente. Es una zona preciosa y muy muy verde. Las montañas y los bosques se cuelan entre las casitas y dejan paisajes que te dejan embobado. Los viajes en tren se hacen cortos si miras por la ventana y disfrutas de las vistas. Hay momentos en los que el bosque absorbe las vías y por un momento piensas que te vas a encontrar a Heidi y a Pedro corriendo por entre los árboles.

Vista de la Selva Negra desde Freiburg

Todo ha salido según lo planeado, tal y como lo había organizado desde casa. Si bien es verdad que el tiempo no me ha acompañado mucho estos días, no ha hecho excesivo frío y a pesar de las nubes siempre presentes, no llovió demasiado (solo un día que cayó el diluvio universal, pero ya llegaré).

Recorrido


Pero si el viaje en sí salió a la perfección, los preparativos fueron lo peor. Un par de veces estuve a punto de tirar la toalla y mandarlo todo a paseo porque se complicaron bastante las cosas. De hecho, llegué a pensar que no podría irme. Pero como se dice, de los errores se aprende y todos estos problemas me han enseñado un par de lecciones para el futuro, por si acaso se me vuelve a ocurrir la idea de volver a andar por un país con una mochila a cuestas.
Por eso, antes de meterme en materia y dejaros con la boca abierta con las fotos y los fantásticos paisajes, tengo que empezar a contar esta historia, como siempre, desde el principio de los tiempos.


Después de haberme peleado con la página de la DB (Deutsche Bahn, la Renfe española, más o menos) buscando las mejores combinaciones de horarios y trenes, haber buscado los hostales y albergues que se ajustaran a mi bolsillo (es decir, baratos) y haber hecho un resumen de los lugares dignos de visitar, lo tenía todo prácticamente preparado. En mi cabeza, claro. Estuve esperando a una semana antes para comprar los billetes de ida y vuelta y empezar a reservarlo todo. ¿Por qué tan tarde, teniéndolo todo organizado con tanto tiempo? Bueno, mi plan era comprar los billetes en un tren de alta velocidad (ICE) para así perder el menor tiempo posible entre la ida y la vuelta (Colonia y Freiburg están a unos 430 km). Pero claro, este tipo de trenes suele ser bastante caro, a no ser que encuentres una oferta entre las plazas restantes. Gracias a un antiguo compañero de tándem descubrí una página donde puedes encontrar viajes en este tipo de trenes bastante bien de precio (26€ los más baratos, teniendo en cuenta que te cruzas prácticamente medio país en unas horas, sale rentable). El problema es que estas plazas restantes salen a la venta 7 días antes del día de salida. Y ahí fue donde me colé. Estaba muy convencida de que para el día que yo quería viajar encontraría un billete a buen precio y además a la hora que yo quería (así, por mi para bonita). Y cuando llegó el viernes anterior al viaje... ¡chan, chan! No había ofertas por ninguna parte y el billete más barato costaba unos 75€. Ahí empecé a agobiarme un poco, básicamente porque no quería dejarme la mitad del presupuesto en un viaje en tren. Entonces busqué una segunda opción: el autobús. Los viajes en autobús en Alemania suelen ser bastante baratos si los reservas con bastante tiempo de antelación. Tardas mucho más que con el tren y no son tan cómodos, pero oye, son baratos. Esta opción la rechacé en un primer momento porque el viaje en autobús duraba nada más y nada menos que 6 horas. ¡6 horas! Pero teniendo en cuenta que era eso o dejarme un ojo de la cara, lo miré. Autobús había, sí, pero estaba todo vendido. ¿Y qué hice entonces? Me esperé hasta el sábado, por si por un milagro divino los precios del tren bajaban (así de ingenua soy yo, si es que...). Evidentemente al día siguiente no solo no habían bajado, sino que había subido. Y ya entonces empecé a preocuparme “un pelín”. Vaya, que igual me quedaba sin viaje. Me puse a buscar un plan B de emergencia y me metí en la página de Blablacar. No es que me guste mucho esto de viajar con alguien, además que iba sola (sí, soy una cobarde xD) pero había que intentarlo. Y ¡bingo! Un chico iba el viernes de Bonn a Freiburg, a una hora decente y por 25€. Sin pensarlo dos veces le envié un mensaje y me quedé esperando a ver qué decía el tipo en cuestión. Que por cierto, a todo esto, ya había reservado los hostales en Freiburg y Karlsruhe (me aseguré de que no hubiera que pagar por adelantado, por si las moscas). Pero nada, que no hubo suerte. El chico me envió un mensaje diciéndome que lo sentía mucho pero que había cancelado el viaje. En este momento yo ya me puse un poco histérica. Lo tenía todo planeado, todo arreglado, pero no tenía forma de llegar allí. Así que me metí otra vez en la página de los autobuses para ver si, en lugar de ir a Freiburg, podría ir hasta otra ciudad cercana. Pero estaba todo vendido. Ay, ay, ay. Me planteé seriamente pagar los 75€ del tren aunque luego me tuviera que alimentar de aire. En mi desesperación, no sé por qué pero me dio la inspiración de volver a mirar el autobús Colonia-Freiburg aunque solo fuera para frustrarme al ver el letrero de “ausverkauft” (agotado). Cual fue mi sorpresa al ver que habían puesto otro autobús. Seis horas en autobús por 33€, pero ni me lo pensé. Rellené los datos y pagué.

Lección 1: Al tenerlo todo organizado desde hacía tanto tiempo, dejar los billetes para el último momento (véase una semana antes) fue arriesgar demasiado. Sí que es verdad que me podría haber ahorrado un par de horas en el tren, pero también me podría haber salido bastante caro si no hubiera encontrado una segunda opción. Al final acabé yendo en autobús por un precio superior al que hubiera pagado si lo hubiera reservado antes.

Pero no, no es penséis que aquí se acaba la cosa. Mientras hacía la compra, la página dio error. Maravilloso. El banco me envió un correo notificándome el pago, pero del billete ni rastro. Vaya por Dios. Ahí ya me cabreé con el mundo entero. No por que hubiera pagado y no tuviera los billetes (que también), sino porque todo parecía apuntar que si quería llegar a Freiburg, tendría que irme andando. Aprovechando la experiencia adquirida escribiendo cartas formales en la escuela de idiomas, escribí un correo a la empresa comentándoles el problema. Y ellos me enviaron un correo predeterminado informándome de que resolverían el problema con la mayor brevedad posible. Teniendo en cuenta que era sábado, asumí que como muy pronto me responderían el lunes. Con suerte.
Llegó el lunes y ni rastro de los billetes. Llamé al banco en España, para ver si había habido un problema con el pago o algo, pero allí me dijeron que no. La chica que me atendió me dijo que igual por temas de autorizaciones (al pagar desde una cuenta al extranjero y todo eso) hasta que la empresa de autobuses no recibiera el pago, no me mandaría el billete. Pero claro, para que se resolviera el pago podrían pasar unos cinco días. Aymadremía. El martes, viendo que esto no se resolvía de ninguna manera, me armé de valor y llamé a la compañía por teléfono. Si no lo había hecho antes es porque las conversaciones telefónicas me cuestan horrores. No sé por qué, pero el alemán se modifica de una linea a otra y me cuesta entender y hacerme entender. Pero bueno, no había otra opción. Para mi sorpresa (y aumento de mi orgullo) la chica que me atendió me entendió y yo la entendí si problema. Me comentó que justo el sábado habían tenido unos problemas con el servidor y que por eso no me habían mandado el billete, pero que lo hacía en el momento. ¡Y sí! El billete llegó por fin a mi bandeja de entrada. ¡Habemus viaje!
Por cierto, la empresa me contestó al correo que envié pidiendo disculpas y agradeciendo que hubiera llamado. Eso sí, el jueves. Mejor tarde que nunca...

Lección 2: Si surge cualquier problema hay que hacer a un lado el miedo al teléfono y llamar enseguida a la empresa antes de dejar pasar más tiempo. Si lo hubiera hecho ese mismo sábado, me habría ahorrado tres días de agobios.

Para el viaje de vuelta, volví a tener el mismo problema. Nada de buses. Pero sí que encontré un tren Heidelberg-Colonia por 29€. Me tocaba ir hasta Heidelberg, eso sí, pero el horario me permitía llegar allí con tiempo. Esta vez no tuve ningún problema de pagos.

Para viajar por allí, me decidí por el BadenWürttembergTicket. En Alemania, cada región tiene un ticket que te permite viajar por toda la zona con todo tipo de transportes (excepto trenes de alta velocidad). En concreto el de Baden-Württemberg está bastante bien porque te permite viajar solo sin dejarte un riñón. El ticket para una persona vale 23€ y es válido para un día entero, de las 9 de la mañana a las 3 del día siguiente (los fines de semana y festivos dura las 24 horas). Si vas sumando personas, aumenta un poco el precio (dos personas creo que son unos 26€, que si lo divides, sale muy muy económico) y es válido hasta cinco personas. En esta región está muy bien planteado precisamente porque te permite viajar solo. En NRW, donde vivo yo, es válido para 5 personas pero vale 42€, viajen las personas que viajen. Aunque parezca un poco caro MERECE MUCHÍSIMO LA PENA. Cada día cogí mínimo cuatro trenes y, para haceros una idea, cada uno de los trayectos valía mínimo 20€. Así que imaginad el ahorro. Además de que puedes coger tranvías y autobuses dentro de una ciudad. Esto, aunque parece una tontería, lo agradeces hasta el infinito cuando te has ido a la quinta puñeta andando y tienes que volver al centro. Es más, si podéis haceros con un plano de los autobuses/trenes de la ciudad, mejor que mejor.

Para ir con los deberes hechos, me imprimí los planos de las ciudades que iba a visitar y marqué los sitios más importantes que tenía que visitar sí o sí. Así me hice una idea de lo lejos que estarían los hostales, la distancia de la estación y el centro... Y menos mal, porque ni en Freiburg ni en Tübingen encontré la oficina de turismo abierta y estos mapitas que salvaron la vida.

Lección 4: Está bien llevar una idea de lo que se va a visitar y un poco de información extra desde casa. De esa forma no se pierde tiempo al llegar a la ciudad (¿y ahora a dónde voy?) y si la oficina de turismo está cerrada, no es una catástrofe tan grande.

Por último, pero no menos importante, el autobús a Freiburg no salía de donde salen todos los autobuses. Vaya por Dios. Sino de un barrio en el que yo no había estado nunca. En un momento de lucidez decidí ir a la parada el jueves antes de irme, porque conocedora de mi orientación casi inexistente, seguro que si no iba antes, el viernes me perdería. Y sí, me perdí. Pero al cabo de media hora me encontré y llegué a la parada, que estaba a unos 5 minutos andando de la parada de metro. Vamos, que si hubiera ido el viernes directamente probablemente habría perdido el autobús.

Lección 5: No es mala idea hacer una visita a la parada de autobús/tren antes del viaje (y con tiempo de sobra) para poder localizarla con tranquilidad. Así se evitan sustos de última hora y “madremía no encuentro el autobús”.

En cuanto a lo de viajar sola, si os digo la verdad, no fue ningún problema. Prácticamente ni me enteré. Supongo que si lo hubiera hecho con alguien se habría hecho un poco más ameno, sobre todo los viajes en tren, pero el hecho de poder organizarme el tiempo como quisiera, ir donde quisiera, perderme y encontrarme sin nadie al lado quejándose o con otros planes, me encantó. Paraba cuando necesitaba parar y seguía cuando me apetecía. En algunos momentos me dio un pelín de miedo (sobre todo cuando empezaba anochecer) pero llegué a los hostales relativamente pronto, así que no fue mucho.

Con todo preparado, la mochila llena, los billetes en el bolso, la cámara cargada y unas ganas inmensas, empecé el viaje.

Parecía Bilbo Bolsón, solo que sin mago. Y sin enanos.


¡Ah! Y por si os lo preguntáis, hice un total de 793 fotos. Pero no os preocupéis que no las subiré todas. Solo la mitad ;)

jueves, 10 de abril de 2014

En abril, planes mil

¡Hola, hola, caritas lindas!

En la entrada anterior daba práticamente por terminado un mes que, a mi parecer, no podía dar más de sí. Nunca digas de este agua no beberé, se suele decir. Resulta que la última semana de marzo fue la traca final de un mes que ha resultado ser el más revuelto de mi vida au pair.
Para poneros en situación tengo que hablaros de uno de mis mellizos (Mellizo P, de porculero). Este es con el que más "problemas" tengo porque es un chulo tiene un carácter más fuerte. No es que esté peleándome con él todos los días. Solo uno de cada dos, más o menos. El tema está que estas últimas semanas se puso insoportable. Algo así como la edad del pavo, que aunque no se puede aplicar a él porque no es un adolescente corresponde perfectamente a la definición de periodo de actitud desagradable e impertinente. Empezó a pasar olímpicamente de lo que le decía, de lo que tenía que hacer o de lo que le mandaba.. Bueno, diréis, tampoco es para tanto... No, tampoco es que estos niños en general hagan lo que se les pide a la primera. El GRAN problema fue que se puso más agresivo de lo normal y empezó a intentar pegarme o pellizcarme cuando le prohibía algo (no solo a mí, a la madre también, aunque claro ella le puede cruzar la cara y yo tengo que aguantar estóicamente). Yo, como persona racional que soy, recordaba que se trata de un niño y que a veces no piensa lo que hace... Pero llega un punto en el que las cosas cambian. Y eso pasó cuando me amenazó con un palo.

Los hechos sucedieron camino de la guardería, cuando recogieron ambos un par de palos por la calle (el camino está lleno de árboles y plantas en general). Al llegar, el Mellizo A (de adorabilísimo) se deshizo de ellos, pero el Mellizo P, no. Como era de esperar, pasó de lo que le dije e intentó entrar en la guardería con la rama (que no era un palito, no, mediría unos 40/50 cm) y yo cerré la puerta para que no entrara. Y claro, se enfadó. Se puso rojo rojo rojo y levantó el palo mirándome con cara de niño asesino. Evidentemente no intentó pegarme con él, pero la simple amenaza me tocó mucho las narices, todo hay que decirlo. Y yo, pese a que soy una persona pacifista, me cagué en la leche (literalmente, en español), le quité el palo y lo mandé para dentro a empujones. Creo que se cagó bastante en mí, o eso me pareció oír mientras gritaba por todo el edificio lo mala y cruel que era. No sé, no le estaba prestando atención. Me dediqué a poner cara de circunstancias delante de las madres que habían por allí, que me echaron una mirada de comprensión infinita. Claro, después de un par de semanas aguantando desplantes del crío por aquí y por allí, rebeliones y el pasotismo de los padres ("es una etapa, en dos días se le ha pasado") pues podréis entender que estaba ya al borde de un ataque de nervios.
Pero tanto va el cántaro a la fuente que se rompe, y en lo que fue el peor babysitting de mi carrera aupairil (vamos, de los 5 o 6 que he hecho) acabé perdiendo, las formas, los nervios y la paciencia. Lo puedo resumir en: niño que no se quiere poner el pijama; au pair ya algo cabreada que le dice de forma poco amable que se lo ponga; niño que, con el pijama puesto, coge el libro que pensaba leer y huye con él; au pair que ya no puede más y lo persigue intentando mantener las formas; padres que pasan del tema; au pair que intenta pedirle amablemente el libro al niño; niño que se niega e insulta a la au pair; au pair que se cabrea, pega un portazo y se larga. Pero como tengo deberes que cumplir, volví, leí otro libro que me dio el Mellizo A y me largué. Así, sin beso de buenas noches ni nada. 

Y así estaba yo, asqueada después de una semana peleando con críos malcriados y cavilaciones sobre la efectividad de una colleja a tiempo. Pero el mundo lo pone todo en su lugar y la semana no pudo acabar mejor.
Llegó el sábado y yo tenía el ánimo por los suelos (lo tuve que compensar con una noche a base de cervezas robadas y líos amorosos ajenos). El domingo mientras desayunaba intentaba mentalizarme de que esa noche me volvería a tocar babysitting porque mis HP tenían entradas para un concierto en la filarmónica. Otra vez lidiar con las dos fieras, con la cena y con los gatos. Horror. En eso estaba pensando yo removiendo el café cuando mi HM hizo una entrada triunfal y me dijo que mi HD no tenía ganas de concierto. “¡Toma!” pensé, “se quedan en casa y me ahorro el babysitting”. Pues no. Todavía mejor.

- ¿Te apetece?- me preguntó. Yo pensaba que estaba de coña o que, como es bien frecuente, lo había entendido mal.
- ¿Yo? ¿Contigo?
- Claro, mírate el programa y me dices.

Como podéis imaginar, lo único que me tuve que pensar dos veces era la ropa que quería ponerme, porque el sí estaba adjudicado. Domingo de concierto, en la filarmónica, en asientos que una humilde au pair no se podría permitir y ¡cuidado! ¡Sin estar de pie! (las óperas y filarmónicas alemanas ofrecen sitios de pie muy muy baratos para estudiantes, y quien dice de pie dice sentado en el suelo). Punto y final triunfal a una semana asquerosa y a un mes que, como veis, todavía tenía una par de sorpresas. Pero, no se vayan que aún hay más. ¿Más? Sí, más. En el concierto apareció un oboe solista maravilloso. Después de su actuación, el público aplaudió más de 20 minutos y tuvo que volver a tocar una pequeña pieza. Para mi asombro, leyendo de reojo el programa de la señora de al lado descubrí que el chico no solo tenía nombre hispanoamericano si no que era de Granada. Qué coincidencias tiene la vida. Y para rizar el rizo, cuando salimos estaba en la puerta hablando con varias señoras y firmando programas. Por “orden” de mi HM, que veía una desfachatez que me fuera de ahí sin saludar a un paisano, pude hablar con él un ratillo. Más majo. Y yo más contenta que unas castañuelas (así, por seguir con la temática España, olé). 

“Y ahora ya te toca descansar”, estaréis pensando. Pues no. Este mes (en semana y poco, de hecho) es Ostern, que traducido al cristiano es la Semana Santa de toda la vida. Solo que con un conejo que esconde huevos (?). [Intentaré escribir una entrada de esto para poder profundizar más en el tema]. El meollo del asunto es que tengo 4 días maravillosos libres y en un principio pensaba dedicarlos a ir a Berlín. Pero por cuestiones técnicas, sociales y, por qué no decirlo, económicas, tuve que aplazar mi viaje para un futuro (espero) no muy lejano. Lo que en otras palabras quiere decir que no había nadie que me acompañara, que en el avión me dejaba una pasta y que con otro medio de transporte perdía la mitad del tiempo de viaje. Así que busqué un plan B. En la otra entrada puse un primer boceto. De él no queda nada. O bueno, sí, la zona. Tras mucho planear, pelearme con la página de la DB, enfadarme con el tiempo y los días (recordemos que son festivos y muchos trenes/lugares no están dispoibles) conseguí elaborar un plan semi perfecto que espero poder llevar a cabo.
El lugar en cuestión es la región alemana Baden-Württemberg, en el suroeste. La primera vez que vine a tierras gemanas fue a esta zona, concretamente a Heidelberg. Y me enamoré. De hecho, cuando buscaba familia intenté que fuera por aquí (que como veis no lo conseguí). Pero si bien es verdad que la región me fascinó, no tenía yo por aquel entonces espíritu viajero, lo que se traduce a que no hice nada ni vi nada más allá de dos ciudades y una de ellas fuera. Por eso tenía una espinita clavada con el nombre de estas tierras y de los sitios que no visité entonces. Además, para darle todavía más emotividad a este viaje, voy a poder visitar la ciudad donde se crió mi padre (hijo de emigrantes españoles, vivió alrededor de 20 años en esta ciudad antes de regresar a España para nunca volver a Alemania). Este sitio me hace especial ilusión ya que es una ciudad de la que he oído hablar toda mi vida.

El plan es el siguiente.

Viernes 18. Matrugón y salida de Colonia a Freiburg. Visitar Freiburg, Freiburg para arriba, Freiburg para abajo. Dormir allí.




Sábado 19. Madrugón 2, salida de Freiburg a Karlsruhe. Visita de la ciudad y del palacio, caminar por las calles con forma de abanico. Sobre las 15/16 viaje a Pforzheim. Visita de Pforzheim, del centro, el parque, la biblioteca y la calle donde vivió mi padre. Sobre las 21 vuelta a Karlsruhe a dormir.

Karsruhe
Pforzheim
Domingo 20. Madrugón 3 y salida de Karlsruhe dirección Castillo Hohenzollern. Si algo tiene esta región son castillos y palacios. En concreto este está donde Cristo perdió la chancla, pero creo que merece mucho la pena el viaje. Sobre las 17/18 salida del castillo a Tübingen. Visitar todo lo posible Tübingen y dormir allí.

Burg Hohenzollern
Tübingen

Lunes 21. (Esto ya depende muy mucho de los horarios de tren y de las ganas que tenga de seguir) Madrugón 4 y salida de Tübingen al castillo de Sigmaringen. Visitar el castillo y sobre las 15/16 vuelta a Stuttgart. De Stuttgart vuelta a Colonia. Morir en mi cama.

Burg Sigmaringen
Como veis va a ser un viaje intenso, con muchas paradas y muchas horas de tren que aprovecharé para dormir y rezar para no pasarme de parada. Además, como ya dije, lo hago totalmente sola. Es la primera vez que viajo tanto tiempo sola y he de admitir que me da un poco de yuyu. Pero también es verdad que tengo un plan muy cuadriculado en el que desde luego no entra perder un ahora buscando un McDondalds (desde luego, qué buenas son las malas experiencias viajando en grupo que te ayudan a mentalizarte de los beneficios de viajar solo). Así podré ver lo que quiera, como quiera, cuando quiera y sin depender de nadie. Bueno sí, de la DB. Además, sé que Ana estará también esas fechas por tierras perdidas como yo y nos apoyaremos en espíritu ;)
Otro punto a favor del viaje es que en estas fechas mis HF tiene varias comidas familiares y yo... No pinto mucho, la verdad. Ni me apetece meterme en reuniones de familia, ni me apetece quedarme encerrada en mi habitación, ni me apetece hacer lo que puedo hacer cualquier fin de semana.

Y después de eso a una servidora no se le ha ocurrido otra cosa que apuntarse a una excursión a Bruselas para el fin de semana siguiente. Así, para no perder la costumbre. 

Y entonces será prácticamente mayo y ¿qué pasa en mayo? Que regreso a tierras españolas a inyectarme el jamón serrano en vena y si hay suerte un poquito de playa.

Y con todo esto, señores y señores estaré más cerca del adiós. Pero los sentimentalismos ya para otra entrada :)




lunes, 24 de marzo de 2014

Y así fue como desapareció marzo

Con la excusa "qué día más feo" le he dado una patada a mi mañana de gimnasio y, para convencerme de que he hecho algo de provecho, voy a hacer acto de presencia por estos lares y os cuento cómo me ha ido marzo. Que sí, que todavía queda una semana, pero es que este mes ha dado mucho mucho de sí.

El mes empezó en pleno carnaval y, para darle todavía más emoción, con el cumpleaños de mi HM. El domingo tuve que dejar de lado la cerveza y las calles abarrotadas para hacerme cargo de una horda de niños y evitar que se mataran entre ellos mientras sus padres engullían berlinas, Frikadellen y otras delicias que casi no llegué a probar. Para interés de los lectores, los más salvajes, impertinentes y porculeros de esos niños fueron los míos propios que, como siempre, aprovechan los días festivos para hacer huelga de reglas au pairiles y convertirse en salvajes sin ley. Menos mal que es un día al año.

Este fue mi regalo. Algo socorrido, pero ¡le encantó!

Y estas fueron las obras de arte que hice con los peques. Como se puede apreciar, uno tiene más talento artístico que el otro. Después de casi una semana haciendo flores, jarrones, quejas y desesperaciones, el resultado valió la pena.

El fin de semana siguiente conocí a la chica que tenía todas las papeletas para ser mi sucesora. La posible futura víctima au pair de mis niños era una italiana que estaba haciendo un año de erasmus en Mainz y aprovechando que las ciudades están más o menos cerca vino el sábado a visitarnos y a conocer la familia, la casa, la ciudad... Tener delante a la chica que viviría en mi habitación, que dormiría en mi cama, que se sentaría en mi sillón, que cuidaría de mis niños y que probablemente viviría una vida muy similar a la mía fue una  situación cuanto menos, peculiar. No fue envidia, o tristeza, o alegría, fue ¿cómo decirlo? la constatación de un hecho, la realidad de lo que para una au pair es ser au pair. Es una etapa de la vida con fronteras, con un fecha de inicio y una de fin, en la que adaptas a un entorno que no es el tuyo y vives con fecha de caducidad. Como dijo esta chica en su blog "[...] Otra persona va a vivir en tu vida, en una vida que ya no es tuya. El tiempo de aupair es un tiempo prestado, una oportunidad única.[...]". Y qué razón, oye. Hasta la fecha no he encontrado una definición más acertada, más verdadera y con más sentimiento que esa.
Y ahí estaba yo, viendo a mi "sucesora" y viéndome a mí misma, seis meses atrás. Hablando con frases mal formadas, palabras sueltas, cara de susto y mucha mucha inseguridad. Y, no es por echarme flores, pero ¡anda que no he aprendido desde entonces! ¿Será verdad que todo esto está mereciendo la pena? 

Y claro, al igual que una mira para atrás y ve lo que ha recorrido, también tiene que mirar para delante y ver lo que queda por recorrer. Hasta el final. Porque cuando tu familia empieza a hablar del día en el que llegará la chica nueva, está implícita una despedida. Una que viene y otra que se va. Y la temida conversación llega. Calendario en mano, mi HM me habló de sus planes vacacionales y marcamos la semana definitiva. Cuando pasas de una fecha indeterminada al "probablemente 4 de agosto" como respuesta a la pregunta "¿hasta cuándo estás aquí?" algo se rompe. El final ya está marcado y, para mi sorpresa, está mucho más cerca de lo que pensaba. Hay tanto por hacer, tantos planes, tantos viajes, tantas experiencias que vivir... Y ahí está ya, dentro de nada, el temido último día en el que cogeré la maleta y diré adiós para siempre. Adiós a  mis niños, a mi HM, a mis gatos preciosos, a Brühl, a la catedral, a los viajes express, al Chai Tee Latte, a la Currywurst y, sobre todo, a mi vida como au pair. Se me pone la piel de gallina solo de pensarlo.

En fin, al margen de mis cavilaciones, reflexiones y imposibles mentales, no puedo cambiar de tema sin añadir que mi posible sucesora, la italiana, dijo que no. Que no quería vivir con esta familia tan maravillosa. ¿Qué puedo decir? Ella se lo pierde.

Acabé una semana de realidades y verdades con un tándem alemán-español (con un marcado acento argentino) y un helado. Y es que ese domingo llegamos a los 24ºC. Como decía mi HD "casi casi como en España", sí, casi casi como en casa.

El fin de semana siguiente tampoco fue mucho más tranquilo. El sábado tuve viaje improvisado a Amsterdam que reavivó mis ganas de ver mundo y viajar. Y para consolidar este sentimiento viajero, el domingo tuve una visita muy especial. 
Si en su momento empecé a escribir (mejor o peor) mis andanzas como au pair, desde luego no fue para conocer gente. No personalmente, claro. Cuando escribes, lees, y cuando lees, te implicas en la vida de una persona: te diviertes con sus anécdotas, te sientes mal cuando le va mal, te alegras con sus alegrías. Y te identificas. Ves que las meteduras de pata con el idioma o las peleas con los niños no son solo cosas tuyas porque no tienes ni idea, si no que es más corriente de lo que te piensas. Gente con la que te puedes quejar sin que te miren como si fueras un perro verde. Pero de ahí a ponerle cara y voz a unos cuantos post, hay un trecho. Si alguien me preguntara hoy los motivos por los que escribo aquí, añadiría sin lugar a dudas la posibilidad de conocer a gente tan bonica y adorable como ella.

Y después de otra semana de maltrato en el gimnasio y clases de alemán nos plantamos en el fin de semana pasado. Para seguir con el espíritu viajero, el sábado aprovechamos las maravillosas ofertas de excursiones en grupo por Alemania para ir a Frankfurt am Main (SchönesWochenendeTicket - cinco personas (aunque fuimos cuatro) - todo el país - 44€). La verdad, no sé si escribiré una entrada porque dejó mucho que desear y si lo hiciera, sería para recalcar las ventajas de viajar solo sin gente porculera. Solo diré que, de cinco horas que teníamos para ver la ciudad, dos las pasamos buscando un McDonalds. ¡UN MCDONALDS! Ver para creer.





Y ayer, para compensar que el sábado había hablado mucho español, volví a hacer un tándem con la chica de la semana anterior, que para subirme el ego me dijo que mi alemán era el mejor de todos los otros tándems que había hecho (y ya paro de alabarme en esta entrada, ¡lo prometo!).

Mientras lo escribo, parece que haya pasado una eternidad, pero a la vez se ha ido volando. Dentro de dos días hago siete meses y solo quedarán cuatro para volver a casa. Contando con una parada en mayo para volver a tierras españolas a hincharme a comer, a ver series online y, si acaso, ver a la familia. Y ya que estoy, voy a amortizar las horas que me he saltado el gym y lo cuento bien. Resulta que la familia se va de vacaciones la primera semana de mayo. Así son ellos de raros, que no cogen vacaciones cuando todo el mundo. En un principio pensé quedarme en Alemania y aprovechar la semana para viajar por aquí y ver un par de sitios que de otra forma no podría ver por falta de tiempo. Pero al ser una semana "rara" nadie tiene vacaciones, por lo que me tocaría viajar sola (cosa que, como ya contaré ahora mismo no me parece tan problemático). Y además, si me quedo aquí, ya no volvería a casa hasta verano y de navidades a agosto me parecía una eternidad sin hacer una parada en casa. Ahora mi gran duda es si facturar una maleta y aprovechar el viaje para dejar allí toda la ropa de invierno, unos cuantos libros y cosas que dejar allí y poder traerme la ropa de verano. Así el último día (maldito último día, no paro de nombrarlo) no tendré problemas de sobrepeso o de facturar otra maleta  (que por cierto tendría que comprar...). 

Y para terminar esta larga y aburrida entrada, tengo que contar lo que llevo planeando toda la mañana y que ha evitado una muerte segura en clase de aeróbic. Resulta que en Semana Santa servidora tiene cuatro días libres. Después de descartar el viaje a Berlín (precios de avión astronómicos y horas de autobús impensables si quiero pasar un tiempo decente en la capital de Alemania, además de que nadie quería acompañarme...) intenté buscar un plan B para hacer esos días. La idea de quedarme en casa teniendo tanto por descubrir me parecía absurda y en un principio pensé viajar por la región y volver a casa a dormir. Pero claro, un viaje a la ciudad de al lado lo puedo hacer cualquier fin de semana (que al final, seguro que con la tontería de "está aquí al lado, lo puedo ver cuando quiera" no lo hago, ya veréis...). 

Al final he decidido hacer un mini intento de inter-rail (que lo único que tiene de inter-rail es el tren, pero ¿a que suena bien?) por la zona del suroeste y aprovechar para visitar una ciudad que para mí tiene mucha historia. No me podía ir de Alemania sin haber estado en la ciudad donde se crió mi padre y donde vivió más de 20 años.

El viaje se quedaría así, aunque está sujeto a modificaciones:
Día 1: Köln - Heidelberg. 
Día 2: Heidelberg - Karlsruhe - Pforzheim
Día 3: Hohenzollern Schloss (?) - Freiburg
Día 4: Freiburg - Köln

Y lo más probable es que lo haga sola. Yo y el mundo. Prefiero no pensarlo que me asusto.

lunes, 17 de marzo de 2014

Excursiones aupairiles: Amsterdam

Antes de todo, quiero agradecerle a Ampelfrau que encontrara un hueco en su viaje para visitar Colonia y obligada por mí Brühl. Fue verdadero placer conocerte, ponerle por fin cara a tu blog y a tus historias y comer pizza-burguer contigo.

Y ahora sí la historia de como, sin comerlo ni beberlo, acabé en la capital de Holanda.

Pero para ello, os pondré en situación. Hace un tiempo alguien puso en el grupo de au pairs de Colonia el evento de una excursión de estudiantes a Amsterdam. Salida desde Köln, ida y vuelta 35€. A pesar del maravilloso precio y de la insistencia de unas amigas a mí me tocaba trabajar justo ese sábado y, de todas formas, (y aquí es cuando me doy cabezazos contra la pared por tonta) me dio un poco igual. Amsterdam no había sido nunca una de las ciudades de mi lista. ERROR.

Pasó la semana y yo ya tenía en mente un sábado tranquilito de Milchkaffee y lectura en una cafetería para coger fuerzas para un largo y duro babysitting. Hasta que el viernes me preguntó mi HM
-¿Qué planes tienes para el fin de semana?
Yo: - Poca cosa, como el sábado me tengo que quedar que casa...
HM: - ¿El sábado? ¿Por qué?
Yo: -Porque... ¿os vais de cena, no? 
HM: -Ah ¿no te lo dije? Al final no.

Y ahí fue cuando me tiré en plancha al ordenador para enviar una solicitud a la organización a ver si quedaban plazas. Lo hice muy convencida de que a pocas horas del viaje me mandarían a paseo, pero oye, ¿y si sonaba la flauta?
Y por la tarde, cuando ya me había casi olvidado del tema y había perdido toda esperanza me llamaron porque había habido una cancelación de última hora y quedaba una plaza. Las madres que habían en el parque se me miraron muy mal cuando me puse a dar saltitos de alegría.

En ese momento descubrí las ganas que tenia de ir a Amstedam. Hasta que sonó el despertador. Porque una se ve a las 6 de la mañana con un sueño horroroso, sola en la parada de tren para ir a Colonia, de noche, con un frío que pela y piensa ¿y si no voy? Pero la perspectiva de dormir en el viaje me consoló bastante.

Después de 4 horas de autobús con parada en Aachen y en medio de la nada para ir al aseo (la mitad de las cuales, efectivamente, las pasé durmiendo) llegamos a Amsterdam.

El autobús nos dejó delante de la estación de tren, justo delante del hotel Victoria. Si pasáis por ahí veréis que delante del hotel hay una casita muy mona. Cuando se construyó el edificio, el dueño de la casa no la quiso vender. ¿Qué hicieron? Construyeron el hotel alrededor.


Como buenos estudiantes y pobres que éramos, nos llevaron a una tienda de queso donde nos llenamos el estómago con muestras gratis y deliciosas. Y a partir de ahí, empezamos la ruta.

Llegamos a la plaza central (Damrak), con el Palacio Real y el museo Madame Tussauds de fondo. 



En Amsterdam hay canales, algo parecido a Venecia (realmente no puedo comparar, nunca he estado en Venecia, pero es lo que dicen).



Nuestro objetivo era el museo Van Gogh, para el que por suerte ya teníamos las entradas compradas. Y digo por suerte porque la cola era kilométrica. Yo soy muy fan del arte en general PERO me parece que el precio de la entrada es excesivo para el tamaño de la exposición (vale 15€ sin posibilidad de descuento, mientras que museos como el del Prado o el Louvre valen 14€ (7€ con descuento para estudiantes) y 13€ respectivamente). Muchas de las pinturas más importantes no están ahí y además tuvimos la mala suerte de que el cuadro de los Girasoles estaba en ese momento en Londres. Si el arte no es lo vuestro, no merece la pena entrar y podéis aprovechar para ver otros lugares de la ciudad.
Para entrar hay que dejar mochilas, paraguas, cuchillos (hay un cartel que lo indica) en el guardarropa y pasar por un detector de metales. Las fotos están prohibidas. 


Algunos cuadros que sí se pueden ver en el museo son:

Los comedores de patatas

Almendro en flor

El dormitorio en Arlés
La segunda parada obligatoria en Amsterdam es la casa de Ana Frank. Ana Frank fue una judía alemana que durante la época de la guerra se escondió de los nazis en una casa junto a su familia. Los dos años que duró el encierro escribió un diario en el que contaba su día a día, sus esperanzas y sus ansias de salir al mundo exterior. La casa donde se escondieron está abierta al público y no está amueblada (simbolizando el vacío que dejaron los miles de judíos que jamás volvieron a sus casas) aunque hay maquetas de cómo era entonces. Al igual que en el museo Van Gogh, lo ideal es comprar la entrada por internet porque la cola es muy muy larga. Nosotras hicimos una media hora y eso que va más o menos rápido. La entrada vale 9€, no se pueden hacer fotos y VALE MUCHÍSIMO LA PENA. Las paredes tienen fragmentos del diario que describen como fue el hogar de la familia Frank y van acompañando al visitante a lo largo del recorrido. Esto me parece muy interesante porque no es una típica inscripción de museo que indique, por ejemplo, “las ventanas estaban tapiadas” si no que reproducen el fragmento del diario donde explica por qué las ventanas estaban tapiadas. Es muy sobrecogedor y algo claustrofóbico, un golpe de realidad de lo que mucha mucha gente vivió durante la guerra.

Cola para entrar a la casa

Pasamos por delante de un mercado dedicado a las flores, en especial a los tulipanes.

Rijkmuseum, el más importante de Amsterdam

Olvidaos de hacer una foto sin gente por en medio

Por la noche hicimos con el organizador un tour por el barrio rojo. La prostitución en Holanda al igual que el consumo de marihuana, está totalmente legalizado y el barrio rojo (Rosse Buur). Lo puedes considerar mejor o peor, más o menos ético, pero me parece que es algo que hay que ver por lo menos una vez en la vida. Las prostitutas se exhiben detrás de unas puertas de cristal como si fueran maniquís y esperan a que alguien entren. Hay que llevar muchísimo cuidado por aquí, está PROHIBIDÍSIMO hacer fotos (según el guía te puedes llevar un buen botellazo en la cabeza) y, por supuesto, no es aconsejable criticarlas descaradamente si no quieres recibir algo más que palabras poco educadas. Se recomienda no hablar con nadie, ni siquiera decir que no. Y entre tanta prostituta, luz roja y drogas se encuentra la catedral más antigua de Amsterdam. Como lo oís. Curiosamente, esta se construyó ahí para que los que pecaban pudieran recibir rápidamente una indulgencia y volverse a casa limpitos de pecados a un módico precio. 

En Amsterdam son muy famosos los coffeshops donde puedes comprar marihuana (o productos hechos con ellas como magdalenas o pasteles) de forma legal. También hay muchas tiendas (las típicas de recuerdos) donde encuentras “galletas de la felicidad” al lado de las postales y los imanes. Personalmente me parece absurdo malgastar un día de tursteo por estar colocado (según el guía se ha encontrado a varias personas que llegaban corriendo al autobús perseguidos por un unicornio o que lo han llegado a perder por el mismo motivo...). De hecho, me parece muy triste que una ciudad tan maravillosa esté encasillada por el tema de las drogas, dejando de lado muchas otras cosas fantásticas que tiene por ofrecer.

¡Por cierto! Lo más peligroso que os podáis encontrar en Amsterdam (y en Holanda en general) no son asesinos, ladrones o violadores, sino las bicicletas. Holanda es el país con más bicicletas y se nota. Son bastante imprudentes, van bastante rápido y no tienen cuidado con los peatones, por lo que si no quieres acabar en el hospital y tener que pagarle una bicicleta nueva a alguien mira dos veces antes de cruzar la calle.
Bicicletas, bicicletas y más bicicletas
A las 11 de la noche, con un dolor de piernas considerable y ganas locas de tocar la cama cogimos el autobús. Cuatro horas después y una media hora más de propina en tren llegué a casa.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Kölner Karneval

En estos momentos debería estar haciendo los deberes de alemán, pero en mi defensa tengo que decir que esta entrada dentro de unos días no tendría sentido. 

Hoy, miércoles de ceniza, empieza la cuaresma (o en alemán Fastenzeit "tiempo de ayuno") época en la que, se supone, no se puede comer carne/dulces/comidas grasientas. Como a la sociedad de hoy en día nos da igual todo, la cuaresma ha pasado a ser cosas de abuelas, pero hasta hace realmente poco era una tradición que había que respetar. ¿Y qué hacía la gente de entonces antes de este tiempo de dieta obligada? Celebrarlo por todo lo alto y cometer todos los excesos que en esos cuarenta días no podrían realizar. Y lo llamaron carnaval. 

El Carnaval de Colonia es uno de los eventos más importantes que se celebran en esta ciudad. Todo comienza en noviembre pero no es hasta febrero cuando la ciudad se llena de desfiles, música, impresionantes disfraces y mucha mucha kölsch.

El carnaval es tan antiguo como la propia ciudad. Los romanos que se asentaron aquí celebraban por estas fechas la Fiesta de la Primavera en la que honoraban a los dioses cantando y bebiendo vino (no muy diferente a lo que se hace ahora...). De hecho, ya los propios germanos realizaban fiestas para celebrar el fin del frío, alabar a los dioses y alejar a los “demonios del invierno” (esta tradición todavía se conserva en muchas partes de Alemania, generalmente el sur, pero eso es otra historia). Con la llegada del cristianismo, esta celebración pasó a ser la antesala de la cuaresma. Es más, el nombre "carnaval" viene del latín carne vale “adiós carne”.

Durante muchos años, a pesar de estar prohibido por la Iglesia, se celebró el Karneval y en el siglo XVIII comenzaron a celebrarse bailes de máscaras al estilo veneciano entre los nobles.

Con la llegada de los prusianos, se intentó poner freno a esa “loca” tradición. Pero los coloneses no cedieron, se popularizó (dejó de ser una fiesta propia de la nobleza) y se regularizó. A partir de entonces se fueron creando compañías y se fue formando el carnaval que disfrutamos (o sufrimos, según el punto de vista) hoy en día.

Oficialmente, el kölner Karneval empieza el día once de noviembre (der Elfte mi Elften) a las 11 horas 11 minutos. Aquí se presentan a los Kölner Dreigestirns, un trío formado por el Príncipe (Prinz) que es la figura más importante de las fiestas, la Virgen (Jungfrau) que representa a la madre Colonia (siempre ha sido representada por un hombre, solo dos años durante el nazismo las Vírgenes fueron mujeres porque consideraron que el hecho de que fuera un hombre era una exaltación de la homosexualidad) y el Obrero (Bauer), que representa la fuerza.

A partir de este día es muy muy normal ver gente de vez en cuando disfrazada por la calle y por el metro.Y cuando digo gente no tiene por qué ser solo gente joven, no. Desde niños bien pequeños hasta señores y señoras de 60 o 70 años se plantan sus pelucas y sus trajes de payaso. 

Y en febrero tiene lugar el carnaval de verdad, el meollo del asunto. Los días más importantes son Weiberfastnacht y Rosenmontag, aunque de jueves a martes hay una fiesta continua por la ciudad.

Weiberfastnacht es el jueves anterior a miércoles de ceniza. Aquí da comienzo la celebración en las calles del carnaval y, originalmente, era el día en el que las mujeres salían de las cocinas, tomaban el mando y cortaban las corbatas de los hombres a los que después les daban dos besos. Hoy en día todos los hombres tienen una corbata vieja/fea preparada para Weiberfastnacht y en los aviones, por ejemplo, se avisa a los pasajeros de que si le tienen aprecio a sus prendas, las guarden para evitar desgracias.

El lunes, llamado Rosenmontag (lunes de rosas) se realiza el desfile de Rosenmontag (Rosenmontagzug). Este es el más largo y antiguo de toda Alemania (dura unas 5 horas ininterrumpidas). Lo ven más de un millón de espectadores y es realmente llamativo. Muchas de las carrozas suelen hacer críticas políticas. 










Es muy importante gritar “Kamelle, Kamelle” (que viene de Karamelle caramelos) para que te caigan dulces y rosas que tiran desde las carrozas. Pero con dulces no me refiero a los caramelos de toda la vida que los coges con toda la ilusión para que luego críen pelo en un cajón, no. Aquí tiran bolsitas de gominolas, galletas, peluches, cajas de bombones... Sí, cajas de bombones. Por lo que si vais a verlo, llevad un buen gorro si no queréis acabar en urgencias con una brecha en la cabeza.

Botín de guerra

Te abren la cabeza, pero por lo menos te saludan xD
El último día, el martes, se quema el Nubbel, como símbolo de la desaparición de todos los excesos cometidos durante las fiestas y el comienzo de la época de ayuno.

Siempre había oído opiniones de todo tipo, y es que el carnaval no deja a nadie indiferente: o la amas o la odias. Aunque tiene sus cosas buenas, me incluyo en el segundo grupo. El carnaval, definitivamente, no es para mí.
Personalmente me parece una fiesta muy masificada, en la que pagas el doble por beber cualquier cosa en cualquier sitio que está el doble de lleno que de normal. Las colas para entrar a los pubs o Kneipes son interminables y, como en todo este tipo de fiestas, la basura (botellas, plásticos, trozos de disfraces, vómitos...) se acumulan por las calles, casi casi al mismo nivel que los borrachos.
Pero también tiene cosas positivas. Los días de carnaval hay bandas de música y grupos de tambores por toda la ciudad. Si estás en el centro, encontrarás una a cada 5 metros (muchas de ellas muy buenas). Por ejemplo, yo me encontré a un chico tocando la melodía de la Abeja Maya en el tren mientras todo el vagón cantaba a pleno pulmón. El ambiente cambia, el aire se llena de alegría y desenfreno y la gente se vuelve más abierta. 

Al igual que ves disfraces muy muy cutres, hay muchos disfraces muy bonitos y muy trabajados. Y para darle el toque “colonés” nada mejor que añadir algo con la bandera o los colores de la ciudad  (una pegatina en la cara, un pin...).
Y por supuesto, todo al grito de "Kölle Alaaf!" (Colonia lo es todo).

miércoles, 26 de febrero de 2014

¿En serio 6 meses?

Como lo leéis. Seis meses ya desde que aterricé en el aeropuerto Cologne-Bonn con una maleta llena de ropa y una cabeza llena de ideas desordenadas. ¿Me adaptaré bien? ¿Me entenderé? ¿Me entenderán? ¿Me llevaré bien con los niños? ¿Me moriré de hambre?¿Me estarán esperando de verdad, o ha sido todo una broma?
Todavía recuerdo ese primer día, la primera mañana, el primer despertar. Casi casi como si fuera ayer. Cuando conocí a mis monstruítos rubios de ojos azules, sus miradas de emoción y algo de vergüenza (sobre todo en mi Mellizo 1 que, a día de hoy, es el niño de mis ojos). Me acuerdo de cuando el Mellizo 2 me dijo "estarás con nosotros un año entero". Fue como un jarro de agua fría. Claro que sabía que venía para tanto tiempo, pero enfrentarme a ello cara a cara... Eso fue otro cantar. Y yo, que soy la reina de las preguntas sin respuestas, no podía dejar de pensar en lo que pasaría si la rutina de aquí no me gustaba, el trabajo, los niños, el idioma... ¿Cómo podría aguantar un año haciendo algo que no me gustaba? ¿De verdad merecía la pena tanto esfuerzo?

Pero, consciente de que hablaban los nervios, hice de tripas corazón y empecé a vivir mi nueva vida. Lejos de los exámenes, los trabajos, las clases y los profesores. Lejos de todo sobre lo que, hasta el momento, había girado mi vida entera desde que tenía memoria.
Y no fue fácil. El olor de una casa nueva tan diferente y "hostil", la incomodidad de hacer mi día a día en un entorno diferente, la vergüenza de no saber dónde estaba mi lugar, la frustración de no poder expresarme como debería... 
Es lo que pasa con este tipo de aventuras. Te lo puedes plantear de mil maneras en tu cabeza, llevar mil planes, mil ideas, mil formas de hacer esto o lo otro. Puedes estar totalmente convencida de tu decisión, ser optimista a más no poder. Pero a la hora de la verdad... ¡Ay! Una no puede evitar pensar ¿dónde me he metido?

Han sido seis meses interminables y rápidos a la vez. Rápidos por los buenos momentos e interminables por los malos (de los que, desgraciadamente, ha habido unos cuantos). Siempre supe que me costaría adaptarme, encontrar un hueco en este nuevo mundo. Pero fueron tres meses de adaptación que casi acabaron conmigo. Tres meses de desganas, de malas caras, de mal humor, de días malos y días peores. No me planteé dejarlo todo y volver a casa porque siempre supe que el problema no era de la familia, sino mío. Y a día de hoy sigo pensando que otra familia no hubiera solucionado esos problemas. Y desde luego volver a España mucho menos.

Y al final, un día, al borde de la desesperación, de haber hecho de enfermera semanas y semanas hasta la extenuación, de vivir con la permanente sensación de perderme algo, de que me dejaba algo, un agobio de pensar que todo lo que hacía, decía o incluso pensaba era incorrecto... me desperté con un hueco, con esperanza, con ilusión. No me preguntéis como pasó porque todavía no le encuentro explicación. Supongo que fue la llegada de las navidades. Pensar que volvería a casa, con los míos, mi familia, mis amigos (o al menos lo que quedaba de ellos después de tres meses fuera) me abrió la puerta a pensar que, al volver, todo podría cambiar y ser diferente. O que, por lo menos, me esforzaría por intentarlo. ¿Curioso, verdad?

Y ¿qué puedo decir de mi vida hoy, seis meses después? No me puedo quejar. Y no es que no me queje, que me quejo, pero no puede ser más diferente a la del año pasado. Es inevitable tener algún día que otro malo, con la cabeza llena de pájaros y la mente más allá que acá. Pero por lo general, me siento muy optimista. 

¿Qué cosas me siguen pasando después de medio año en tierras alemanas?
Seis meses es un periodo considerable, pero todavía hay cosas que me pasan como si de la primera semana se tratase. Por ejemplo, me sigo despertando desorientada. Cuando suena el despertador por las mañanas, los primeros diez segundos son de caos total de "¿dónde estoy?".
Mis niños me siguen odiando por la mañana. Y lo comprendo. Toda la vida he odiado a mi madre por despertarme para ir al colegio, como mínimo los primeros 10 minutos del día. Qué ingenua era yo al pensar que los "déjame en paz" y los "no enciendas la luz y vete" durarían solo unas semanas. Eso sí, no puedo evitar perdonárselo todo cuando bajan a desayunar con una sonrisa de oreja a oreja y un "buenos días" que alegraría a cualquiera.
Aún así, sigo teniendo muchas peleas con estos bichos. Y es que, como alguna vez he asumido en este blog, yo no había cuidado de un crío en mi vida, o por lo menos el tiempo suficiente para entender la importancia de una colleja bien dada (algo que por cierto está prohibidísimo y, en mi opinión, quitaría muchas tonterías). Y claro, como una tonta pensé que eso sería solo al principio, hasta que aprendieran a "respetarme". JA. Si en el párrafo de antes he dicho que muchas mañanas llegan a la cocina con una sonrisa, no son pocas las que llegan con cara de pocos amigos, pidiendo guerra desde el momento que entran por la puerta y se niegan a plantar su bonito plato de plástico en la mesa. Niño con ganas de pelea + au pair recién levantada y sin un café en el cuerpo. Ya os podréis imaginar el resultado.

Y podría seguir contando cosas, pero las dejaré para otro día.
Eso sí, no todo es tan negativo o, por lo menos, ya  no soy tan novata.
Mi alemán patatero ha evolucionado a un alemán no tan patatero pero muy lejos de ser "perfecto". Pero oye, poco a poco, todavía me quedan seis meses más para seguir practicando. ¡Por cierto! Ya casi me he adaptado a la forma de hablar de mi HD, y casi casi entiendo todo lo que dice.

Además ya no me pierdo, ni en Colonia ni en Brühl. De hecho, ya no llevo los planos de las ciudades como un accesorio más en mi bolso. Más o menos me oriento en ambas ciudades y hasta sé indicar a otra persona cómo llegar a otro sitio. Que no tiene mucho mérito porque me muevo siempre por las mismas zonas, pero aquí lo dejo.

Esta entrada tiene un aroma a despedida. O por lo menos es la sensación que me da ahora al releerla y quitar burradas. Aunque bien pensado sí que es una despedida. Digo adiós a los meses más tristes, a sentirme perdida y desorientada. Eso ya queda para el recuerdo.

Foto de familia ;)


¡Cómo iba a olvidarme de ellos! Nuestras frutas tropicales: Kiwi y Mango

sábado, 8 de febrero de 2014

La Volkshochschule (VHS)

El otro día estuve ayudando a una au pair recién llegada con la solicitud de la VHS. La pobre llevaba un lío, porque había ido varias veces y cada vez le habían dicho una cosa. Y es que, entre tanto papeleo, AnmeldungenSprachberatung y otras adorables palabrejas de la lengua alemana nos vemos perdidas. Y si todo lo tienes que hacer en alemán, todavía más. Yo tuve muchísima suerte porque de todo eso se encargó mi HM cuando llegué (y menos mal, porque con el alemán catastrófico de mis primeros días yo sola poco hubiera hecho...). Si os vais/estáis de au pair en Alemania, bienvenidos al maravilloso mundo de la VHS.

La Volkshochschule no es ni más ni menos la escuela para adultos. Cada ciudad o grupo de ciudades tienen una propia y en ellas se dan clases de diferentes temáticas: historia, filosofía, informática, cocina, deporte, idiomas... También podemos encontrar excursiones por la zona, donde se aprende muchísimo sobre la ciudad/entorno donde vivamos. La gran ventaja de estas escuelas es que los precios suelen ser bastante asequibles y, más importante todavía, hacen descuento a las au pairs.

De entre la inmensidad de cursos que la VHS ofrece, los que nos interesan son los de Deutsch als Fremdsprache (alemán como lengua extranjera). Pero antes de empezar hay que seguir una serie de pasos.


1. Elegir la escuela/el curso. Antes de nada tenemos que pensar que no estamos aquí de vacaciones y que tenemos un horario que cumplir, por lo que el primer paso es ver cómo podemos compaginar nuestra vida laboral aupairil con el curso de alemán. Si hay varias VHS a vuestro alrededor (por ejemplo, yo tengo la de Brühl, que es más pequeñita, y la de Colonia), no descartéis la que esté más lejos o la más pequeña a la primera de cambio. Tened en cuenta que en las grandes ciudades es más fácil conocer a otras au pairs (aunque yo soy el ejemplo de que esto no siempre es así xD) y que ofrecen mayor variedad de cursos, horarios y niveles, por lo que igual merece la pena hacer el esfuerzo de moverse de ciudad para hacer un curso que nos encaje a la perfección. Haceos con un folleto de los cursos de inmediato (los podréis encontrar en la propia VHS o en algunos lugares determinados) o mirad la oferta de cursos en internet (aquí está la de Brühl y aquí la de Köln). Si, por ejemplo, pensáis que tenéis un B1/B2 mirad esos cursos, anotad horarios y comparar. Cuando ya tengáis una idea de lo que queréis hacer y de los horarios, seguimos con el segundo paso.


2. Sprachberatung. Seguramente tendremos una idea del nivel que tenemos antes de irnos, pero antes de nada tendremos que hacer una prueba de nivel. Esta es obligatoria si es la primera vez que os apuntáis a un curso. Si, por el contrario, ya habéis hecho alguno en la VHS no hace falta. Lo primero que tenéis que hacer una vez que aterricéis en Alemania (además de deshacer la maleta y acostumbraros a vuestra nueva vida) es buscar cuándo es esta prueba de nivel. Esto es muy importante porque cada escuela tiene unas horas específicas a la semana para ello. Si vamos en otro momento, la señora de la oficina nos dirá muy amablemente (o no) que volvamos otro día. O puede que nos hayamos saltado el único día de asesoramiento y nos hayamos quedado sin curso.

En Colonia el horario es:
Lunes y martes, de 15 a 18h.
Jueves, de 10 a 12h.

En Brühl solo tienen un día, el de este trimestre fue el 28 de enero, de 18 a 19.30.

¿En qué consiste esta prueba de nivel? No os preocupéis, que no es nada del otro mundo. Las que ya lleven algún tiempo recorrido en el tema de los idiomas no os resultará nada sorprendente. Supongo que en cada escuela es diferente, pero suelen ser los ejercicios típicos de escuela de idiomas de toda la vida. 
En concreto, a mí me pusieron un texto con huecos para rellenar (aquí había un poco de todo: declinaciones de adjetivos, terminaciones de verbos, pasivas...) y escribir un texto sobre un fiesta de mi país (yo escribí sobre las navidades, porque no se me ocurría otra cosa). Recordad que no tenéis que escribir la Biblia en verso, simplemente hacerlo lo mejor que podáis y si una respuesta no la sabes, no la contestes. Después de eso te hacen una pequeña "entrevista" para ver cómo te desenvuelves (preguntan lo típico: de dónde vienes, qué haces en Alemania, dónde has estudiado alemán...). Si no hay mucha gente, suele durar unos 15 minutos o incluso menos, depende de las ganas de trabajar que tenga la profesora. 

3. Selección del curso y pago. Una vez que ya sabéis el nivel que tenéis, podéis elegir el curso. Si no os habéis saltado el paso 1 llevaréis trabajo adelantado y solo tendréis que señalar el que queráis. De la otra manera puede que tengáis en mente un curso en concreto y que justo ese no lo puedas hacer por una u otra razón (¿a que no sabéis a quién le pasó eso? Consejitos vendo...). En la VHS además hay varios tipos de cursos: los intensivos y los Schnellkurs
  • Los cursos intensivos son los cinco días a la semana y suelen costar casi unos 500€. Lo bueno de estas clases es que te metes el alemán en vena y avanzas muchísimo. Lo malo (que no es solo el precio) es que para hacer estos cursos tienes que ir al día con los deberes, estudiando... Porque si no se te acumula la materia y al final te saturas y no aprendes nada. Para mí sería imposible realizar uno de esos porque no tendría tiempo físico para llevarlos al día. Además, tanto si lo pagáis vosotras como si lo paga la familia, el precio suele descartarlos al instante.
  • Los Schnellkurs ("cursos rápidos" por así decirlo) son dos días a la semana, tres horas al día. El precio suele rondar los 160 -190€ dependiendo de la VHS. Seguramente este es el que os pagará la familia y son los más cómodos para nosotras. No exigen tanta dedicación como los intensivos y se pueden llevar al día cómodamente.

Con el curso elegido y la solicitud hecha, solo os falta una cosa: pagar. Si las familias cogen las VHS es porque aquí tenemos descuento por ser au pair. Dependiendo de la escuela, este es mayor o menor (en Köln es del 25% y en Brühl del 40%). Para que os hagan el descuento es imprescindible llevar el contrato. Pero cuidado, porque aunque estemos en Alemania, la burocracia es lo que es: una mierda. Puede que os lo pidan, puede que se fíen de vosotras y no os lo pidan, puede que no os lo pidan y que a las dos semanas te manden un correo diciéndote que tu inscripción no está completa porque falta (hechos reales)... Por lo tanto, llevadlo. Y si no os lo piden, tenedlo a mano porque puede que luego lo necesites. 
¡Ah! Puedes pagar con un ingreso bancario o en metálico y en el caso de cancelarse os devolverán el dinero.

Cómo NO apuntarse a la VHS: catástrofes varias con final feliz
De los errores se aprende, y yo he aprendido mucho de todo esto a base de cagarla. 
En mi caso, cuando llegué no tenía ni idea de cómo funcionaba el tema. Fue mi HM la que me dijo a qué hora era la Sprachberatung, qué tendría que hacer y todo eso. Así que yo, que esos días estaba más perdida que la aguja del pajar, me dejé llevar. Yo pensaba que ella controlaría el tema de horarios, pero por lo visto los alemanes a veces también tienen imprevistos.
A pesar de haber una VHS en Brühl, decidieron que daría las clases en Köln porque allí podría conocer más gente y porque había más variedad. Ya digo que como no tenía ni idea, no llevé la contraria (grave error).
Tanto mi idea como la de mi HM era de hacerlo por la mañana porque como los niños están en la guardería, es cuando mas tiempo tengo. Pero llegó el problema y es que el único curso que había a esa hora era en un barrio poco céntrico de Colonia. Mi HM lo descartó de inmediato porque me era imposible llegar puntual si tenía que llevar a los críos a la guardería (a día de hoy pienso que sí me hubiera dado tiempo, de todas formas no me arrepiento del curso que me tocó). Al final lo tuve que hacer por la tarde a unas horas un tanto problemáticas ya que los días que tenía curso mi HM se tenía que ir antes de casa por las mañanas para poder volver un poco antes y que me diera tiempo a salir. Al final acabé contentísima con el curso y, he de añadir, me encantaba "salir antes de trabajar" y quitarme el marrón de recoger juguetes, recoger la cocina después de la cena... Eso sí, las mañanas se me hacían interminables porque no tenía nada que hacer (y mira por donde ahora no tengo casi tiempo libre por las mañanas).
Todo esto me lo podría haber ahorrado si desde un primer momento hubiera mirado en la VHS de Brühl, donde SÍ había un curso de B2 por las mañas a una hora que me encajaba perfectamente.


De momento ya tengo dos cursos hechos y otros dos en proceso y estoy encantada. También depende muchísimo del profesor que te toque, de cómo enfoque la clase, de si los compañeros son más o menos comunicativos... El curso del año pasado me tocó un profesor bastante joven que era un encanto. Pasaba bastante del libro, eso sí, pero traía mucha información extra: noticias de periódico, canciones... Los compañeros además eran muy comunicativos, debatíamos mucho de esto y de lo otro... El curso de este año es un poco más "serio" pero de momento tiene buena pinta.

Para los que estéis preocupados con vuestro nivel, tened en cuenta varias cosas. Parece una obviedad, pero hacer un curso en Alemania supone que es totalmente en alemán. Que nadie se piense que, por muy bajito que sea su nivel, le darán las clases en inglés u otro idioma. Esto supone que el nivel en general es más alto que cualquier clase en una escuela de idiomas española y para ir al día y que sea útil hay que trabajar.

A pesar del asesoramiento, la prueba y todo el rollo la elección del curso es un tanto aleatoria. Con esto quiero decir que ya he conocido a varias personas que se meten en un nivel que no les corresponde simplemente porque el horario de ese curso les viene mejor. Tened mucho cuidado con esto porque realmente a la VHS le da igual el curso que hagas, mientras que te apuntes y les pagues, pero el que puede sentirse perdido en clase y no enterarse de nada eres tú. No es una "humillación" hacer un curso por debajo de lo que consideramos nuestro nivel, porque vamos a aprender muchísimo de todas formas, sobre todo  vocabulario. Conozco a varias chicas que con un B1 raspadillo se han metido en un B2 alto porque un A2 era "una tontería". Y lo han hecho sin pena ni gloria porque no se han enterado de mucho. No está mal intentar superarse, pero ir a clase solo por ir y no aprender nada porque no te enteras de nada, eso sí que me parece una tontería. Que luego puedes decir "sí, yo hice un curso de B2 alto" pero si no corresponde con la realidad, no sirve de nada.
Además, al hacer un curso en la VHS no consigues un título de nada, solo un certificado de asistencia que de poco sirve.

Por otra parte, las mujeres de las oficinas (no sé si habrá hombres, nunca he visto a ninguno) suelen ser muy amables. Entienden que somos extranjeros y tienen bastante paciencia con nosotros. Aunque ya os digo que vayáis con todo bien estudiado porque a veces ellas mismas se hacen un lío. Cuando me fui a apuntar al curso en Brühl, le dije a la secretaria que no me hacía falta una prueba de nivel porque ya había hecho un curso en Colonia. Ella me dijo que sí que la necesitaba y yo le tuve que señalar un párrafo del folleto donde ponía que si ya habías hecho un curso no era necesario. Así que mejor ir preparados si no queréis perder una mañana/tarde tontamente.

Espero que os haya servido y a las que estén en el proceso o vayan a estarlo, les ayude a verlo todo un poco más claro :)

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